Una «pequeña pedagogía» transversal en la escuela primaria

Una «pequeña pedagogía» transversal en la escuela primaria

Bajo una perspectiva autobiográfica, el autor da cuenta de sus últimos planteamientos teóricos y actividades prácticas en el aula para mantener una permanente transversalidad, pero no lo hace pretendiendo exponer algo así como el método ideal, sino navegando en un mar de ineludibles dudas.

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2 respuestas a Una «pequeña pedagogía» transversal en la escuela primaria

  1. Jonás Muñiz dijo:

    Hola,

    Este es un comentario de prueba, para comprobar que funciona el «feedback» o, como dices en otro lugar, que el escuchado establezca contacto con el escuchante.

    Dos párrafos de este texto me llaman la atención: el primero es el que alude a los problemas del comportamiento social de los alumnos en el aula (están sin numerar, pero creo es al principio de la pág. 11 del artículo), refiriéndote tanto a esa «hostilidad» latente por una convivencia grupal debida, por un lado, a la inmadurez social del grupo como tal y, por otro lado, a las dinámicas familiares subyacentes que cada cual trae de su ámbito familiar y que, en el centro, en ese «caldo de cultivo» que es la convivencia escolar durante largos periodos de tiempo, acaban «explotando» o saliendo a relucir en el contexto del aula.
    Me parece interesante destacar que el docente se ve enfrentado en esta micro-sociedad que configura el grupo clase, no sólo a un problema de madurez en el desarrollo de hábitos y comunicación, de formas de relacionarse, de habilidades sociales no adquiridas en los comportamientos, el respeto a unos valores y principios éticos de convivencia fundamentales, etc. Es curioso, porque a la Escuela, como contexto de socialización, siempre se le atribuyen competencias en el desarrollo de estos valores. Y en muchos casos, son las propias familias las que demandan esos valores que luego en el seno de las mismas se trasgreden, se incumplen o, simplemente, se desconocen debido a cuestiones culturales, situaciones a menudo desajustadas, comportamientos vejatorios y denigrantes de los propios progenitores hacia los menores, etc.
    Todo éso, inevitablemente, acaba reproduciéndose en el aula y en el centro escolar.
    Para muchos alumnos la Escuela puede ser incluso «refugio» de lo que viven en su propia casa, y también válvula de escape para reproducir patrones de comportamiento que «imitan» de sus propios padres (y madres), con consecuencias a veces nefastas no sólo para su propio aprendizaje sino para el de sus compañeros de aula, y con el consiguiente «desgaste» (el conocido como «burning» o síndrome del profesor quemado) y despliegue de estrategias de contención diversas.
    Es por ello que me parece interesante poner el acento en estas pequeñas (que no menores) condiciones y circunstancias en las que se produce el acto educativo (tanto desde el punto de vista del enseñante/docente como el del aprendiz/discente).

    Otro punto que me llama la atención es en una nota a pie de página (la nº 5), en la que te refieres a las evaluaciones de diagnóstico que en su momento incorporó como novedad la fallida y derogada LOCE en 2003, pero que se incorporó al articulado normativo de la LOE en 2005, y que tanta controversia han tenido -y siguen teniendo- desde entonces. A mi entender estas evaluaciones «externas», que desde los órganos ministeriales y los diferentes grupos de gobierno se han tomado como «termómetro» o «barómetro» para medir el nivel de calidad de la enseñanza (máxime cuando esas evaluaciones diagnóstico se han enmarcado en los ya conocidos Informes PISA, como herramienta de comparación cuantitativa de los sistemas educativos de la CEOE), no han hecho sino empeorar la percepción que la sociedad tiene del sistema educativo en su conjunto y de los docentes en particular. Eso sin contar otras intenciones que se ocultan deliberadamente de fondo al utilizar esos resultados y datos para justificar la consolidación de reformas legislativas de corte neoliberal y mercantilista sobre la Enseñanza. De ahí el término «valor añadido» que ahora tanta presencia tiene en muchos ámbitos, ya no sólo circunscrito al económico o del mercado como si de un tipo impositivo se quisiera aplicar en el contexto educativo, sino también en el social, cultural, familiar e incluso en el de las relaciones personales más íntimas (ya se habla incluso que en las relaciones de pareja qué valor añadido aporta cada uno de los miembros de una pareja, o de una familia, como pueden ser los cuidados domésticos, las relaciones más puramente afectivas, fraternales entre padres e hijos, etc.)

    Desde luego, en un aula y en la enseñanza en general, no podemos reducir los avances significativos que se puedan producir (y que de hecho se producen, pese a quien le pese) a meros datos y resultados cuantificables y evaluables taxativamente, sino que cuando se habla de mejorar la autoestima de los alumnos, las relaciones de convivencia, el éxito o fracaso (tampoco es baladí el uso de estos términos) en su rendimiento académico o sus condiciones de promoción y/o titulación de un curso a otro o de una etapa a otra, o de las relaciones de amistad que perduran por mucho tiempo, o las aportaciones que estos alumnos hacen no sólo en la mejora de las condiciones de vida y de comunicación o de relación en su micro-sociedad, es decir, en sus propias familias o grupos de amigos; de todo éso no se puede sacar una valoración cuantificable porque es un proceso más que un producto o resultado acabado. Y los procesos, como el crecimiento de los árboles para que den frutos, llevan su tiempo, y calidez (no sólo calidad), y atención, y grandes dosis de afectividad. Valores todos ellos que ni cotizan en la Bolsa (afortunadamente por el momento…) ni aparecen en los «ítems» de las pruebas diagnóstico, ni en los parámetros de medición del sistema de calidad de la enseñanza, ni en ningún informe inclinado hacia Pisa…

    En fin, divagaciones aparte, creo que has hecho un gran trabajo de recopilación y compendio de todas las publicaciones que tienes hechas en diversos momentos de tu carrera profesional y a lo largo de tantos años de desempeño de la profesión docente.
    Si alguien tiene algo interesante que aportar a los planes de formación del profesorado desde una perspectiva Ética, Crítica y Autobiográfica, desde luego eres tú.

    Mi más sincera enhorabuena y un abrazo fuerte, amigo Rozada.
    Jonás

    • Hola, leal amigo Jonás:
      Leal y trabajador, tanto leyendo como escribiendo, lo que te hace singular en estos tiempos de facebook y Whatsapp y demás medios donde lo propio son los textos cortos. Gracias y mi enhorabuena por ser así.
      Veo que compartimos plenamente la importancia de reconocer y no rechazar ni ocultar las difíciles relaciones que con frecuencia se dan en el aula. Hay que evitar caer en ese edulcoramiento que tantas se hace de los alumnos. No pocos de ellos llegan a la escuela muy deteriorados emocionalmente. En realidad, las aulas constituyen muchas veces contextos duros en los que hay que aprender a trabajar. Me alegro de que lo ambos lo veamos así.
      Lo misto te digo con respecto a nuestra coincidencia en las críticas a esas evaluaciones externas, generalmente tramposas, puestas al servicio del «sistema», de sus discursos legitimadores, pero que nada aportan al docente en su trabajo. También hay que saber convivir con ellas sin creérselas y sin perder demasido tiempo ni siquiera contra ellas. N soy partidario de pasar el tiempo criticándolas, dado que hay que hacer muchas otras cosas en positivo en el aula, y mucha gente emplea el 90% de sus energías en criticar al sistema, con lo que puede que aumente su autoestima de crítico, sin embargo yo me muestro un tanto distante también de eso. Hay que hacer propuestas y pelear por ellas dentro de unos contextos reales, y no pasarse la vida protestando por todo casi exclusivamente.
      Gracias por tus palabras finales. Constituyen para mí todo un estímulo que paga sobradamente las horas que, como bien dices, dedico a trabajar en estas cosas. Les concedo el valor suficiente para que memerezca la pena pelear por ellas, evitando que desaparezcan antes que yo.
      Un fuerte abrazo, amigo.
      José María

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